El organismo cubre sus necesidades de energía para el crecimiento, el mantenimiento de la temperatura corporal y para todos los tipos de trabajo y funciones metabólicas, mediante la combustión de los nutrientes, como la grasa, los hidratos de carbono o las proteínas, aunque la función primordial de estos últimos es otra. Como sabemos, la combustión del carbón y del petróleo no es más que la combinación de carbono e hidrógeno con oxígeno, para formar dióxido de carbono (ácido carbónico, CO2) y agua (H2O). También podemos quemar las sustancias nutritivas (grasa, hidratos de carbono y proteínas) en la estufa y aprovechar la energía liberada en el proceso como calor.

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La combustión de los nutrientes en el metabolismo, se distingue de la combustión en la estufa únicamente en que no se realiza tan acelerada (con llamas), sino lentamente, con muchos pasos parciales. La energía liberada en el proceso es aprovechable para el funcionamiento del cuerpo, a través del metabolismo. Los productos finales del metabolismo son, al igual que en la estufa, el dióxido de carbono y el agua, que son expulsados por los pulmones mediante la respiración, o a través de los riñones e intestinos. El valor de combustión expresado en calorías es decir, la cantidad de calor (energía) aprovechable liberado para la grasa es de 9 kilocalorías, para los hidratos de carbono y la proteína de 4 kilocalorías/gramo.

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